Idoya
Idoya tiene 20 años y dos hermanas. Sufre sordoceguera desde que era muy pequeña. No se sabe muy bien cuál fue la causa de su discapacidad, pero su madre sospecha que la ocasionaron las vacunas que recibió cuando era un bebé. Idoya es totalmente sorda y tiene un pequeño resto visual que solo le permite comunicarse en lengua de signos a distancia, aunque solo de frente y con mucha luz. Cuando oscurece no puede salir de casa. Con tristeza cada día nota que está perdiendo vista y que todo le cuesta más. De momento estudia en un instituto con otros chicos sordos, pero el año que viene termina y no sabe lo que podrá hacer.
Juanjo
Tiene 67 años y vive solo. Sufre sordera desde que era pequeño y con los años ha perdido la vista. Apenas ve alguna sombra y la luz directa le hace daño a los ojos. Hace unos 10 años su familia desapareció y desde entonces pasa el tiempo recluido en casa. El único contacto que tiene con el exterior es a través de una trabajadora familiar que va a su casa a limpiar y a preparar la comida, pero ella no sabe lengua de signos. A Juanjo le encantaría poder salir de casa, pasear o simplemente tomar un café, pero salir solo sin una persona que le acompañe sería demasiado peligroso para él.
Alba
Alba es una chica de 23 años pero aparenta unos 13. Tiene sordoceguera congénita como consecuencia de la rubeola que sufrió su madre durante el embarazo. Debido a su discapacidad, por sí sola nunca ha podido comprender el mundo que le rodea ni aprender a hablar ni a relacionarse. Su grado de dependencia es muy alto, y necesita ayuda y compañía permanente para lavarse, para comer y para desplazarse. Alba no tiene ningún resto auditivo y el pequeño resto visual que le queda no le permite comunicarse más que por medio de lengua de signos apoyada en las manos. Su madre no tiene con quién dejarla cuando va a trabajar y la angustia le acompaña cada día.
Patricia
Tiene 42 años, y en su familia viven el terrible caso de ser tres sordos de nacimiento que han ido perdiendo progresivamente la vista. En casa vivieron sin ayudas ni recursos, sin ninguna mano a la que poder agarrarse. Por este motivo, durante años, Patricia ha estado implicada en el movimiento de las personas sordociegas y ahora más que nunca su único sueño es poder mantener un poco de esa "normalidad" que nunca antes, ni ella ni su familia, habían disfrutado. Patricia es consciente de que seguirán existiendo todas las dificultades del mundo, pero nunca le faltará ánimo y coraje para buscar superarlas.
Luis
Luis pronto cumplirá 77 años. Sordo desde nacimiento, hace casi 20 años que quedó ciego para siempre por un desgraciado accidente. Aún hoy se resiste a creer lo que le ha ocurrido y acude a médicos en espera de un milagro que nunca llega. La sordoceguera le ha hecho darse cuenta que los que decían ser amigos nunca lo fueron, y ahora su vida está llena de soledad y de incomunicación. Pero también ha conocido gente buena y grandes profesionales. A Luis le apasiona el fútbol, y cada semana le ayudan a hacer la quiniela y le explican los partidos y los resultados de la jornada. Son cosas sencillas que le impulsan a seguir adelante y a sonreír.
Gerard
Gerard tiene cinco años y sufre síndrome de Charge, una enfermedad que le ha provocado muchos problemas médicos. A pesar de ser un niño, ya es un habitual del hospital: le han operado seis veces y aún tiene tres operaciones pendientes. Su expediente médico tiene centenares de páginas. Pese a todo, es un niño muy alegre y curioso, y desde que empezó a andar a los tres años y medio, se pasa el día explorando el mundo. Uno de los muchos problemas que ocasiona Charge es la sordoceguera. Gerard es sordo y tiene una visión muy baja, lo que le impide comunicarse y aprender como los demás niños de su edad. Ahora está empezando la escuela y necesita la ayuda permanente de alguien que le enseñe a comunicarse con objetos y la lengua de signos. Sus padres también necesitan mucho apoyo emocional.