Idoya
Idoya tiene 29 años, nació sorda y ha ido perdiendo visión. No se sabe con certeza la causa de su discapacidad. Idoya es totalmente sorda y tiene restos visuales que le permiten, con luz y de frente, comunicarse en lengua de signos. Actualmente tiene problemas graves de salud y debe hacer largas estadas en centros hospitalarios y en su domicilio por lo que necesitaría el apoyo de un/a mediador/a en sordoceguera para potenciar la comunicación y socialización, así como para garantizar su comprensión del entorno y de su situación médica.
Alfonso
Alfonso tiene 84 años y con el paso de los años ha ido perdiendo visión y audición. Actualmente ya no puede leer el periódico y para escuchar la radio y la televisión debe hacerlo a un volumen muy elevado y la comunicación con su familia es dificultosa y de poca calidad. Alfonso ha dejado de realizar las actividades con las que disfrutaba en su día a día y ha pasado a quedarse en su casa inactivo y sin socializar. Alfonso podría beneficiarse de ayudas tecnológicas como un audiófono, lupas, bucle magnético, etc.
Alba
Alba tiene 32 años y sordoceguera congénita a causa que su madre contrajo la rubeola durante el embarazo. La sordoceguera temprana provocó graves dificultades para su desarrollo cognitivo y se comunica con una lengua de signos apoyada bastante sencilla. Actualmente vive en una residencia de discapacidad intelectual en la que el personal no conoce lengua de signos y no sabe comunicarse con ella. Alba se beneficiaría de un recurso residencial especializado o del apoyo de una profesional de la mediación en sordoceguera.
María
María tiene 40 años y es sordociega total, es decir, no cuenta con restos visuales o auditivos. Se trata de una mujer joven sin apoyo familiar ni recursos económicos con la que en un momento de urgencia y necesidad de cuidados médicos llevaron a los servicios sociales de su territorio a idear una solución de emergencia: ingresarla en una residencia de mayores. Esta solución debía ser puntual, pero se ha alargando indefinidamente en el tiempo. María se beneficiaría de un proyecto de vida independiente en el que pudiera disponer de un piso y de mediación periódica para llevar a cabo su proyecto de vida.
Gerard
Gerard tiene 5 años síndrome de CHARGE, una enfermedad que causa muchos problemas médicos. A pesar de ser un niño, ya es un habitual del hospital: le han operado seis veces y aún tiene tres operaciones pendientes. Su expediente médico tiene centenares de páginas. Pese a todo, es un niño muy alegre y curioso, y desde que empezó a andar a los tres años y medio, se pasa el día explorando el mundo. Uno de los muchos problemas que ocasiona el síndrome de CHARGE es la sordoceguera. Gerard es sordo y tiene una visión muy baja, lo que le impide comunicarse y aprender como los demás niños de su edad. Ahora está empezando la escuela y necesita la ayuda permanente de alguien que le enseñe a comunicarse con objetos y la lengua de signos. Sus padres también necesitan mucho apoyo emocional.
Ahmed
Ahmed tiene 47 años y síndrome de Behçet, una de las casi 70 enfermedades minoritarias que provocan sordoceguera. Antes de entrar en contacto con una entidad de FESOCE había estado viviendo en residencias de personas con discapacidad e incluso en la calle, ya que los recursos residenciales que se le ofrecían no funcionaban. Desde que se le pudo integrar en un programa de vida independiente cuenta con un pequeño piso de protección oficial en el que vive sólo y mediación diaria para realizar gestiones y actividades diversas. Actualmente es una persona afable y feliz que gracias a recursos bien gestionados que se le proporcionan desde las administraciones a través de FESOCE y sus entidades miembro cuenta con una vida digna y plena. Un caso de éxito que nos demuestra que con los apoyos necesarios, las personas con sordoceguera pueden tener la vida que quieran.